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01 octubre 2016

Un minuto con Dios

Con no poca profundidad se afirmó que es fácil de­jarse elevar en el ofertorio, pero ya no resulta tan fá­cil dejarse masticar en la comunión.

El racimo de uva luce más cuando en la cepa mues­tra sus granos henchidos y maduros; pero aprovecha más cuando los granos son triturados por los dientes, o en la prensa que los estruja y les arranca su jugo vital.

En no pocas ocasiones nuestra acción podrá ser vi­sible a los demás; quizá, en cambio, nuestra acción será más beneficiosa para nosotros y para los demás, cuando el deber nos obligue a permanecer en el silen­cio de la oscuridad y desconocimiento, o en la inmo­lación del dolor.

No basta vivir para los demás; será preciso inmo­larse, desvivirse por los demás.

“Ni vuestros holocaustos me son gratos, ni vuestros sacrificios me complacen” (Jer, 6, 20).

No son los ho­locaustos o sacrificios lo que agrada al Señor, sino el espíritu con que le ofrecemos esos sacrificios; con razón dice San Juan de la Cruz, que “Dios no mira lo que le ofrecemos, sino el corazón con que se lo ofrecemos”.

Gracias a Dios, que así es; pues nada podemos ofrecer­le al Señor, que sea digno de El; en cambio, sí le po­demos ofrecer nuestro corazón: pequeño y pobrecillo, pero todo entero.

El molinero, su hijo y su asno

Un molinero y su hijo llevaban su asno a una feria en la ciudad vecina para venderlo. Ellos no habían andado muy lejos cuando se encontraron con un grupo de mujeres alrededor de un pozo, hablando y riéndose.

 --¡Miren eso!-- gritó una de ellas, --han visto alguna vez a semejantes compañeros, andar con dificultad a lo largo del camino a pie cuándo podrían montar sobre el asno?--

El anciano, que oyó aquello, rápidamente hizo montar a su hijo sobre el asno, y siguió andando alegremente a su lado. Poco después toparon con unos ancianos que discutían entre ellos.

--¡Ahí está!-- dijo uno del grupo, --demuestra lo que yo les decía. ¿Cuál respeto hay para la vejez en estos días? Vean ustedes esa ociosa tranquilidad juvenil mientras su viejo padre tiene que andar. ¡Baje usted, agraciado joven, y deje al anciano descansar sus  cansados miembros!--

Por aquellas palabras, el anciano hizo a su hijo desmontarse, y montarse él mismo. Y siguiendo adelante, no habían llegado muy lejos cuando  encontraron un grupo de mujeres y niños:

--¿Por qué, usted, viejo perezoso-- gritaron varios a la vez, --puede montar sobre la bestia, mientras a ese pequeño pobre chaval le cuesta seguir el ritmo al lado de usted?--

El Molinero bondadoso inmediatamente tomó a su hijo y lo montó detrás de él. Y ya ahora casi habían alcanzado la ciudad.

--¡Dios con ustedes, buenos amigos!-- dijo un ciudadano, --¿es ese asno de ustedes?--

--Sí-- contestó al anciano.

--¡Oh, no lo habría pensado así!-- dijo el ciudadano, --y a propósito, veo que ustedes van encima de él. ¿Por qué  ustedes dos juntos,  no llevan a la bestia sobre ustedes, y no ustedes sobre ella?-- 

--Podríamos complacerle-- dijo el anciano; --lo intentaremos.--

De este modo, bajando ambos del asno, le ataron juntas las piernas, y con la ayuda de un poste lo llevaban en sus hombros. Cerca de la entrada de la ciudad pasaron sobre un puente. Esta vista divertida atrajo  a la gente en muchedumbres para reírse, y hasta el asno, no gustando del ruido ni del manejo extraño al cual era sujeto, rompió las cuerdas que lo ligaban y, cayendo del poste, todos fueron a dar al río.

Por todo esto, el anciano, fastidiado y avergonzado, decidió que lo mejor era regresar a casa otra vez, convencido de que procurando complacer a cada uno, en realidad no había complacido a nadie, y además de que perdió la oportunidad de vender a su asno.



Toma tus decisiones con tu mejor parecer, no con el parecer ajeno.

El camello y su conductor

Un conductor de camellos, después de completar la carga de su camello, le preguntó que le gustaría más: subir la colina o bajarla. La pobre bestia contestó, con muy buena razón:

--¿Por qué me lo pregunta? ¿Es que el camino plano por el desierto está cerrado?--



Burlarse del débil, creyéndole ignorante, no es una noble actitud

30 septiembre 2016

¡Qué día!

Todas las cosas nos ayudan a bien. Este video nos muestra como incluso cuando muchas cosas que nos suceden pueden parecer sin sentido, todo obra para el bien nuestro.

Ver cortometraje

La pantera y los pastores

Una pantera, por alguna desgracia, cayó en un hoyo. Varios pastores la descubrieron, y algunos lanzaron sobre ella palos y piedras, mientras que otros, movidos por la compasión hacia quien va a morir, y sabiendo que no podría hacerles ningún daño, le lanzaron algún alimento para prolongar su vida. Por la noche todos volvieron a casa, sin pensar en cualquier peligro, pero suponiendo que por la mañana la encontrarían muerta.

La pantera, sin embargo, habiendo recuperado su fuerza, se liberó con un repentino salto del hoyo, y se apresuró a su guarida con pasos rápidos.

Después de unos días ella regresó y mató al ganado, y, matando también a los pastores que la habían atacado, rugió con enojada furia.

 Entonces aquellos que le habían salvado su vida, temiendo por su seguridad, le ofrecieron sus animales y pidieron sólo que les respetara sus vidas. La Pantera les dio esta respuesta:

--Recuerdo tanto a aquellos que buscaron terminar mi vida con palos y piedras, como a aquellos que me dieron el alimento con su buena voluntad, por lo tanto, dejen sus temores. Vuelvo como una enemiga sólo con los que me hirieron.--



El mal que se hace, tarde o temprano, regresa a su autor.

Un minuto con Dios

Sin la constancia, ninguna virtud es grande.

Esta es la gran diferencia: los héroes y los santos perseveraron en sus propósitos, mientras que nosotros hacemos los mismos propósitos que ellos, perono perseveramos en su cumplimiento como ellos perseveraron.

Nosotros empezamos con muy buena voluntad, a veces hasta venciendo no pocas dificultades; la cosa “pinta muy lindo”.

Pero a poco de comenzar, vamos cediendo en intensidad, luego perdemos ilusión y al fin abandonamos definitivamente.

¡Fue una lástima! ¡Prometía tanto! ¡Esperábamos tanto!

Al fin, nos quedamos sin nada. Y comenzaremos de nuevo, para luego volver a dejar otra vez.

Realmente, sin la constancia ninguna virtud es grande.

“Persevera en lo que aprendiste y en lo que creíste, teniendo presente de quiénes lo aprendiste” (II Tim, 3, 14).

Aquello que el Señor te dio a conocer en el día bendito de tu Cursillo, de tu Retiro, de tus Ejercicios, de tu encuentro con El, todo aquello, no lo olvides; mantenía en lo más profundo de tu ser, puede consti­tuirse para ti en fermento que dé sentido a tu vida.

29 septiembre 2016

Hoy caminare en confianza

Abraham comenzo su viaje sin el menor conocimiento de su destino final. El obedecio su noble impulso sin ningun discernimiento de las consecuencias de esa decision.



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Las cabras y sus barbas

Las cabras, que habían obtenido su barba por una petición a Zeus, produjo que los cabros quedaran profundamente disgustados y se quejaban de que las hembras los igualaran en dignidad.

--Permítales--dijo Zeus, --de que ellas disfruten de un honor vacío y de que asuman la insignia de su noble sexo, en tanto que ellas no los igualarán a ustedes en fuerza o coraje.--


No importa si otros se parecen exteriormente a nosotros, si conocemos muy bien las diferencias en las cualidades interiores.

Un minuto con Dios

Alguien escribió que en el corazón de todo hombre duerme un santo y, al mismo tiempo, duerme un pe­cador; un vulgar hombre, quizá hasta un criminal y también un santo.

Cada uno de nosotros ha de cobrar conciencia de eso y cada uno de nosotros deberá despertar en sí al héroe y al santo, dejando aletargados al pecador y al criminal.

Si es bueno que el hombre vulgar quede adormecido y anulado en nuestro interior, no será bueno que el santo y el héroe sigan durmiendo e inactivos.

Todos llevamos dentro de nosotros mismos un blo­que de mármol, del cual podemos tallar o la imagen de un bufón, o el busto de un poeta; de nuestra vida podemos hacer, la del hombre que tiene miras rastre­ras, o la del que vive para hacer el bien y para sus­citar la inquietud de hacer el bien.

“Sabemos que la Ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado. Realmente mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quie­ro, sino que hago lo que aborrezco” (Rom, 7, 14-15)

No te extrañes de experimentar en ti también esta ley del pecado: la inclinación al mal; humíllate como el apóstol y, puesta la confianza en el Señor, sigue en tu esfuerzo por ser cada día un poquito mejor.

Y esto a pesar de tus caídas.

28 septiembre 2016

La fe de un hombre común

Un criminal desesperado apenas evade la muerte. Un mecánico de automóviles se encuentra atrapado entre la pena y la deuda. Un joven alcohólico anhela escapar de su miseria. Tres hombres muy diferentes buscan la esperanza en un lugar inesperado: la Conferencia de los hombres poderosos llevada por Angus Bochan, La historia del propio viaje de Angus se entrelaza con la historia de tres hombres entre los miles queviajan a escuchar sus palabras. Los caminos se cruzarán y sus vidas serán transformadas para siempre.

Todo comienza con la historia de Angus Buchan’s un señor con grandes deseos de compartir la palabra de DIOS , tanto queorganizo una conferencia llamada “los hombres poderosos” en la cual se reunieron millones de personas de toda Sudáfrica y el mundo, tan importante era para Él que menciona “solo porque un hombre corriente como yo puede entender lo que la llamada de DIOS significa en su vida”, así mismo recuerda la vida de John Peter , André clouter, y luckéncy tres historias distintas que se reúnen en un mismo lugar.

El hijo del rey y el león pintado

Un rey, cuyo único hijo era aficionado a ejercicios marciales, tuvo un sueño en el cual fue advertido que su hijo sería matado por un león.

Temeroso de que el sueño se hiciera realidad, construyó para su hijo un agradable palacio, y para su diversión embelleció las paredes con dibujos de todas las clases de animales de tamaño natural, entre los cuales estaba el de un león. Cuando el joven príncipe vio esto, y al ser confinado adentro, su pena explotó, y estando de pie cerca del dibujo del león, dijo:

--¡Oh usted, el más detestable de los animales! por un sueño intimidante de mi padre, y por lo que él vio en su sueño, he sido encerrado en este palacio como si yo fuera un malvado. ¿Qué haré ahora?--

Terminando estas palabras, y sin más pensarlo, estiró sus manos hacia un árbol de espinas, tratando de cortar un palo de sus ramas de modo que pudiera golpear al león. Pero una de las espinas del árbol perforó su dedo y le causó un gran dolor e inflamación, de modo que el joven príncipe cayó en un desvanecimiento. Una fiebre violenta de repente se apoderó de él, y murió no muchos días más tarde.



Afrontemos con paciencia y buen conocimiento nuestros problemas, buscando una solución correcta y no con desesperación y enojo. Obtendremos así mejores resultados.

Un minuto con Dios

Es bueno soñar, pero no es bueno soñar tanto, que nunca despertemos del sueño; es bueno caminar en la vida, mirando a las estrellas; pero no es bueno que no nos fijemos dónde posamos los pies, al caminar.

Es bueno fijarse una meta en lontananza, hacia don­de nos dirijamos; pero no es bueno que nos despre­ocupemos de lo que sucede a nuestro alrededor.

Es bueno querer mejorar a todos; pero es mejor comenzar por mejorarse a sí mismo.

Es bueno querer hacer obras de relieve; pero quizá sea mejor acariciar la cabecita de ese niño que todos los días encontramos en la puerta de nuestro negocio.

Es bueno pronunciar discursos o arengas ante multitudes; pero quizá debamos comenzar por hablar fu­gaces minutos con el cartero, o el lechero, o con el lustrabotas que da brillo a nuestros zapatos.

“El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho” (Le, 16, 10).

En las cosas menores es donde se manifiesta el amor; las cosas pequeñas son las que se ofrecen a diario y en las que debes vivir tu amor al Señor.

27 septiembre 2016

Un minuto con Dios

Siempre está en nuestros planes hacer algo; nunca desistimos de pretender hacer algo, pero nunca llega­mos a hacerlo.

Tú pasas la vida haciendo planes; esos planes raras veces llegan a ser realidades, ni para ti, ni para los demás.

No son realizados por ti, pues sigues, más bien, haciendo nuevos planes, en lugar de realizar los ya planeados y aprobados; por los demás tampoco, pues no son planes que ellos hayan organizado.

De esta forma, nunca terminas de planificar y nunca comienzas a realizar; y así terminas un año y vuelves a comenzar; y así terminas tu vida y comenzarías de nuevo tu vida, si pudieras.

¿No habrá llegado ya el tiempo de la realización, que suplante al de la planificación?

Para ello, planea cosas realizables por ti; entrégate de una vez por todas a una acción de bien; piensa menos y realiza más; no dejes para mañana lo que de­bes realizar hoy.

“¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: «Este co­menzó a edificar y no pudo terminar».” (Luc, 14, 28).

Muy buenos son, pues, los propósitos; mejores, las realizaciones; más fructífero es prometer poco y cum­plirlo, que prometer mucho y no cumplirlo.

26 septiembre 2016

Un “juego” donde nadie gana

Estuvimos confinadas durante siglos al hogar, nos dijeron que no podíamos sentir orgasmos, votar, tener una profesión, y producir nuestro dinero; lograrlo costó la sangre, el sacrificio y las lágrimas de muchas mujeres, y gracias a ellas hoy podemos tomar las decisiones más importantes de nuestras vidas, casi globalmente.
En nuestra recién encontrada libertad nos gustó también la fuerza bruta de los hombres, tener el control, probar la vida más allá de los límites y aprendimos a ser infieles, a emborracharnos, y a amar a las yipetas.

Ahora, intercambiamos roles continuamente y en este arroz con mango nuestras relaciones luchan por avanzar, pero no estamos seguros de cómo hacerlo o qué le corresponde hacer a cada quién.

Hay un libro no escrito, pero que está en la memoria colectiva, que guía nuestras relaciones. Este “libro” dice, por ejemplo, que las mujeres se enamoran por el oído y los hombres por los ojos, que los hombres son de la calle y las mujeres de la casa, que los hombres deben tomar la iniciativa al enamorarse y las mujeres esperar a ser cortejadas, que es imposible que los sexos opuestos sean amigos, y que un hombre siempre debe pagar la cuenta. El “texto” es asumido en partes o totalmente y hay quienes tienen su versión, acomodándolo a su libre albedrío y antojo.

Sin embargo, en nuestro caminar mujeres y hombres hemos luchado por zafarnos de estos estereotipos, aunque en el proceso nosotras nos hemos vuelto menos tiernas y ellos menos caballerosos.

John Gray descubrió que “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, sin embargo aún no aprendemos a amar nuestras diferencias. Así los hombres parecen muy afanados en llevarnos a la cama y nosotras estamos muy desesperadas por casarnos.

En esta prisa lo que pueda haber en el intermedio se ve como desinterés, y muchas relaciones no arrancan por los malos entendidos, al negarnos a fluir sin ideas preconcebidas de cómo debe iniciar o en qué debe terminar la relación.

En el fondo, hay mucho miedo a dejar de lado ese “libro” obsoleto, a mirarnos directamente a los ojos y descubrir cómo eres tú en vez de descubrir lo que nos han dicho de los hombres y las mujeres a través de ti.

Alguien me dijo que las relaciones entre hombres y mujeres son como un juego de ajedrez donde ambos terminan destrozados; y es cierto, en esta batalla por el dominio nos hemos lastimado y guardamos resentimientos.

Históricamente los hombres han sido abusivos, desarrollando en cambio las mujeres astucia y una fuerza sutil para constituirse en el verdadero poder detrás del trono. Ya es tiempo de equilibrar estas energías teniendo amor, compasión, y respeto el uno por el otro. Con esto daríamos un respiro al Creador que no ha estado tranquilo desde aquel día en que en el Paraíso hubo un primer desencuentro entre esos dos tortolitos novatos llamados Adán y Eva.
Natacha Féliz Franco

Se Ejemplo

¿Qué tipo de ejemplo estás dando? ¿Eres de las personas que viven de tal manera que puedan motivar a otros a seguir su ejemplo? ¿Eres de las personas que son un ejemplo positivo para otros? ¿Eres de las personas que día a día viven de manera íntegra, con fidelidad y amor por Dios? Es que hay personas que son bendecidas por Dios, pero también hay personas que deciden ser una fuerza poderosa en manos de Dios para bendecir a los demás a través de su vida y acciones.

Sé una persona que viva de tal manera que impacte a los demás, motive a otros a salir adelante, a vivir una vida llena de valores, a superarse y ser mejores en la vida. Que tu vida, aún después de que dejes esta tierra, siga impactando a los demás de manera positiva. Eso es parte del verdadero éxito, el continuar con vida después de muerto. Y eso sólo se logra dejando un buen ejemplo a seguir. Recuerda lo siguiente: una vida santa produce la impresión más maravillosa.

Así que el día de hoy dile al Señor: Dios mío, ayúdame a ser un digno ejemplo para mi familia y seres queridos. Que mis palabras y mis acciones revelen los cambios maravillosos que has hecho en mi vida, y que las personas puedan ser motivadas a buscarte. Que mi vida te glorifique siempre. En el nombre de Jesús. ¡Amén!

No permitas que nadie te subestime por ser joven. Sé un ejemplo para todos los creyentes en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza. (1 Timoteo 4:13-16)

El ultimo capitulo

En está ocasión el titulo es: "El último capítulo". Te invitamos a escuchar y sobre todo a COMPARTIR este video.
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Un minuto con Dios

El éxito o el fracaso de cualquier misión espacial puede depender de presionar un botoncito insignifi­cante, o de hacerlo un minuto antes y no en el pre­ciso momento.

Tú eres el botoncito sumamente pequeño en el ma­crocosmos; pero el hecho de que ese macrocosmos de la humanidad se sienta mejor y se perfeccione, puede muy bien depender del microcosmos de tu propia vida.

Si tú fracasas, podrá fracasar toda una legión de hombres que presuponían el éxito tuyo personal; si tú fracasas, habrás privado a toda la comunidad de la fuerza y el vigor que de por sí comunica el éxito.

Pero si el éxito no depende de ti, si fracasas, no por haber retaceado tu empeño, sino por causas ajenas a tu voluntad, no te desalientes; será Dios el que suplirá lo que tú no pudiste poner, lo que no alcanzaste a hacer.

“Poderoso eres, Yahvéh, tu lealtad te circunde… Tuyo es el cielo, tuya también la tierra; el orbe y cuan­to encierra, Tú creaste… Tuyo es el brazo y su bra­vura, poderosa tu mano, sublime tu derecha!” (Salmo 89, 9-14).

¡Cuántos motivos para confiar en Dios! ¡El mayor pecado que puedes cometer es desconfiar del poder y de la bondad de Dios!

25 septiembre 2016

Un minuto con Dios

Vivimos en el mundo del movimiento y del ruido; hoy es imposible detenerse; y sin embargo, quizá por eso mismo estamos obligados a buscar el silencio.

Pero un silencio que no sea tanto externo cuanto interno; un silencio que imponga el ordenamiento de todos nuestros afectos y sentimientos, de nuestros pen­samientos e incluso de nuestros problemas y preocu­paciones.

Silencio, ante actitudes que pueden herirnos, ante palabras no del todo acertadas, ante olvidos que noso­tros no esperábamos.

En esas ocasiones el canto del silencio, en lugar de elevar la estridencia de los gritos, o la amargura de la discusión, será más beneficioso.

Ese canto del silencio solamente lo pueden entonar los hombres que saben dominarse a sí mismos y a las circunstancias en las que deben actuar.

“Más vale sabiduría, que fuerza; pero la sabiduría del pobre se desprecia y sus palabras no se escuchan; mejor se oyen las palabras sosegadas de los sabios, que los gritos del soberano de los necios” (Ecle, 9, 16-17).

No es, pues, cuestión de hablar mucho, sino de saber hablar lo necesario y lo conveniente; en no pocas oca­siones será el silencio el que mejor toque el corazón.

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